Todo empezó con una pregunta
«¿Qué es lo que más te apetece hacer este verano?»
Hace unas semanas, tuvimos la oportunidad de asistir a un evento sobre prácticas en el que Indium Corporation era uno de los principales patrocinadores. Durante una de las conversaciones, alguien nos preguntó: «¿Qué es lo que más os ilusiona de este verano?».
Me hizo pensar.
A principios de verano, mi respuesta habría sido sencilla: estas prácticas. Tenía muchas ganas de conocer a gente nueva, aprender nuevas habilidades y ver cómo era realmente trabajar en un entorno profesional. Como estudiante de MBA, quería poner en práctica lo que había aprendido en clase y ver cómo funcionan realmente las empresas. Estaba ilusionada, pero no sabía exactamente qué esperar.
Al principio, parecía una de esas preguntas para las que todo el mundo tiene una respuesta fácil. La mayoría de los becarios hablaban de adquirir experiencia, ampliar su red de contactos o aprender nuevas habilidades. Probablemente yo habría dado una respuesta similar. Pero a medida que avanzaba el verano, me di cuenta de que la pregunta no se refería realmente a lo que esperaba que sucediera. Se trataba de lo que me llevaría conmigo cuando todo hubiera terminado. Mirando atrás ahora, mi respuesta es muy diferente de lo que habría dicho el primer día, porque en lo que no había pensado era en la pregunta que viene después.
La pregunta que vino después
Por supuesto, volveré a la universidad después de estas prácticas: empezaré mi último semestre, terminaré mi MBA y empezaré a pensar en la siguiente etapa de mi carrera profesional. Pero, ¿qué pasará con el verano de 2026? ¿Se convertirá simplemente en otro recuerdo? Cuanto más lo pienso, más me doy cuenta de que no será así.
Este verano no solo me enseñó qué es el mundo empresarial, sino que cambió mi forma de verlo. Antes de incorporarme a Indium Corporation, ya tenía experiencia trabajando en el mundo empresarial en los ámbitos del comercio electrónico y el «quick commerce». Entendía cómo funcionan las empresas, pero sobre todo desde la perspectiva de los puestos que había ocupado. Como le pasa a mucha gente, es fácil centrarse en la propia función sin darse cuenta de cuántas piezas se mueven entre bastidores para que todo funcione.
En Indium Corporation adquirí una perspectiva totalmente diferente. Observé cómo los ingenieros colaboraban estrechamente con el equipo de marketing, explicando conceptos técnicos complejos para que pudieran traducirse en historias comprensibles para los clientes. Vi cómo personas con diferentes conocimientos, trayectorias y formas de pensar se unían para resolver el mismo problema. Eso me recordó que el buen trabajo no surge porque un departamento tenga todas las respuestas: surge porque las personas están dispuestas a aprender unas de otras y a trabajar por un objetivo común. Como estudiante de Análisis de Negocios, aprendí en clase cómo funciona la inteligencia artificial. Aprendí a crear modelos y a comprender la tecnología que hay detrás de ellos. Pero estas prácticas me enseñaron algo igual de importante: la tecnología solo tiene valor cuando las personas saben cómo utilizarla para resolver problemas empresariales reales.
Me han enseñado a buscar patrones en los datos. No esperaba que estas prácticas me enseñaran a buscar patrones en las personas. Me di cuenta de cómo la colaboración daba lugar a mejores ideas; de cómo las diferentes perspectivas conducían a mejores decisiones; de cómo las pequeñas conversaciones suelen tener el mayor impacto. No eran cifras en un panel de control, pero sí eran patrones que llevaré conmigo a lo largo de mi carrera profesional.
Más allá de las habilidades técnicas
Quizás la lección que más me sorprendió no tuvo nada que ver con el marketing ni con la IA. Fue aprender a defender mis propios intereses. Al haber crecido en Birmania, me enseñaron que escuchar es una señal de respeto. Expresar mi opinión, cuestionar ideas u ofrecer una perspectiva diferente no era algo con lo que me sintiera cómoda de forma natural, sobre todo en un entorno profesional. Por eso, durante mis primeras semanas, a menudo me encontraba escuchando más que hablando.
Con el paso del tiempo, me di cuenta de que mis supervisores y compañeros de equipo realmente querían escuchar mis opiniones. Hacer preguntas no se consideraba un signo de debilidad, sino una muestra de curiosidad. Compartir una perspectiva diferente no significaba cuestionar a alguien personalmente, sino ayudar al equipo a llegar a la mejor solución. Poco a poco, gané confianza para expresarme, aportar mis ideas y confiar en que mi opinión tenía valor. Ese cambio de mentalidad es algo que llevaré conmigo mucho después de que termine estas prácticas.
Una de las cosas que más valoro son mis reuniones semanales con mis supervisores. Cada conversación me dejaba con algo nuevo en qué pensar. A veces se trataba de una lección técnica sobre marketing o análisis de datos. Otras veces era algo mucho más sencillo, como elegir las palabras adecuadas en una diapositiva de una presentación o pensar en cómo comunicar una idea con mayor claridad. Esas conversaciones me recordaban que ser un profesional no se reduce únicamente a los conocimientos técnicos. También se trata de saber cómo te presentas y de construir tu marca personal. Esas reuniones siempre me han mostrado el valor del aprendizaje continuo. Me han recordado que el crecimiento profesional no se detiene tras la graduación ni tras conseguir tu primer empleo. Es algo que ocurre cada día si estás dispuesto a mantener la curiosidad y seguir aprendiendo.
El consejo que siempre recordaré
Durante una de mis reuniones, una de las personas con más experiencia del equipo de MarCom me dio un consejo que se me ha quedado grabado desde entonces. Me dijo que debía buscar un lugar donde me valoraran, donde disfrutara de lo que hago y donde pudiera marcar la diferencia. Suena sencillo, pero escuchar esas palabras en esta etapa de mi carrera me hizo darme cuenta de que el éxito no consiste solo en encontrar un trabajo. Se trata de encontrar un trabajo significativo en el que tus aportaciones cuenten.
Antes de estas prácticas, pensaba que el final del verano solo significaría tachar otro hito de mi currículum. Hacer unas prácticas, volver a la universidad, graduarme y encontrar un trabajo. Ahora me doy cuenta de que las prácticas son mucho más que una línea en un currículum. Son una oportunidad para descubrir qué tipo de trabajo te apasiona, qué tipo de entorno te ayuda a crecer y en qué tipo de profesional quieres convertirte.
Más que unas prácticas
Una de las preguntas que me hicieron durante la entrevista fue una de las favoritas de los entrevistadores: «¿Por qué elegiste estas prácticas?». Mi respuesta fue directa. Como estudiante de un máster en Administración de Empresas (MBA) con especialización en Análisis de Negocios, quería desarrollar mi carrera profesional en el ámbito del análisis de marketing. Dado que no tenía formación previa en marketing, veía estas prácticas como una oportunidad para adquirir experiencia práctica y desarrollar las habilidades que me faltaban. Ahora, echando la vista atrás, pensaba que simplemente me prepararía para el siguiente paso en mi carrera. En cambio, transformó mi forma de ver los negocios, la colaboración e incluso mi propio potencial. No solo me ayudó a desarrollar nuevas habilidades, sino que me ayudó a descubrir el tipo de profesional en el que quiero convertirme.
Todavía recuerdo cuando entré en la oficina mi primer día, con una mezcla de ilusión e incertidumbre. Como ocurre con cualquier experiencia nueva, me preguntaba si sería capaz de aportar algo, si tenía los conocimientos suficientes y cuánto tardaría en adaptarme. Ahora, echando la vista atrás, resulta interesante ver cómo esas incertidumbres se fueron convirtiendo poco a poco en confianza con cada proyecto, cada reunión y cada conversación.
Esa lección la recordaré mucho tiempo después de dejar Indium Corporation.
Volver de otra manera
Cuando, dentro de 26 años, eche la vista atrás al verano de 2026, probablemente no recordaré cada reunión, cada fecha límite de proyecto ni cada presentación. En cambio, recordaré a las personas que me acogieron, las conversaciones que cambiaron mi perspectiva y las lecciones que no se pueden encontrar en ningún libro de texto. Empecé estas prácticas con la esperanza de adquirir experiencia. Me voy con algo mucho más valioso: la constatación de que este verano estuvo lleno de cosas que eran más de lo que parecían. Unas prácticas se convirtieron en un punto de inflexión. El marketing se convirtió en contar historias. El análisis de datos se convirtió en comprender a las personas, no solo en números. Las conversaciones se convirtieron en lecciones. Y el verano de 2026 se convirtió en mucho más que una estación que recordaré; se convirtió en el verano que cambió mi forma de ver el futuro.
Y lo que es más importante, me voy con una idea más clara del tipo de entorno laboral del que quiero formar parte. Quiero trabajar en un lugar que valore la colaboración, fomente la curiosidad y ofrezca a las personas la oportunidad de crecer. Estas prácticas me han ayudado a darme cuenta de que elegir una carrera profesional no se reduce únicamente al puesto o a la empresa, sino que se trata de encontrar un entorno en el que puedas seguir aprendiendo al tiempo que aportas algo significativo.
Entonces, ¿qué pasa después de estas prácticas?
Volveré a estudiar.
Pero no volveré siendo la misma persona que entró en Indium Corporation el primer día. Y por eso recordaré el verano de 2026 durante mucho tiempo.



