Ir al contenido

Actúa basándote en los datos

Amigos,

Hace poco me pidieron que impartiera una presentación y realizara una auditoría de una línea de montaje con el fin de minimizar el «efecto tombstone» de los componentes pasivos en una importante empresa de montaje electrónico.
Tal y como puse de manifiesto en mi presentación, el «tombstoning» puede deberse a muchos factores: el perfil de reflujo, la composición del metal de soldadura (en el caso de la soldadura sin plomo , el SAC 387 tiende a presentar más «tombstoning» que el SAC 305), la colocación descentrada, la atmósfera de reflujo con nitrógeno, las vías enterradas, etc. Tras impartir una presentación de dos horas, recorrí la línea que «tenía un problema de «tombstoning»».

En cuanto empecé a preguntar, quedó claro que nadie conocía la magnitud del problema. «¿Cuántos componentes pasivos hay en cada placa?», pregunté. Nadie lo sabía. «¿Cuántos DPMO (defectos por millón de oportunidades) por “tombstones” habéis tenido últimamente?». Tampoco se conocía esta métrica. Mientras la gente se apresuraba a recabar datos, empezó a quedar claro que el fenómeno de los «tombstones» quizá no fuera un problema tan grave como todos pensaban. Era más bien una leyenda urbana.

Por fin conseguimos algunos datos. Cada placa tenía unos 1.000 componentes pasivos; habían fabricado 100 placas con un total de dos «tombstones» en las últimas dos horas. Los «tombstones» eran el único defecto. Mmmmm… dos placas defectuosas de cada 100 = un rendimiento a la primera del 98 %, ¡nada mal! Desde el punto de vista del DPMO, tenían 2 defectos por cada 100 000 oportunidades, es decir, 20 DPMO, lo cual es un nivel de primera categoría. Sería muy difícil mejorar este nivel de DPMO sin una inversión ingeniérica masiva. Se trata de «ruido» y es probable que se deba a una variación por «causa común». Entonces pregunté cuánto dinero costaba reparar un «tombstone»; como era de esperar, nadie lo sabía. Mi estimación es que menos de 2 dólares. Esta situación es uno de esos casos excepcionales en los que los rendimientos son tan buenos que quizá no merezca la pena realizar inversiones en ingeniería para mejorarlos.

Sin embargo, ese no es el quid de la cuestión: sea cual sea la medida que se adopte en un caso como este, debe basarse en los datos. Solo con los datos adecuados sobre la tasa de fallos, representados en un diagrama de Pareto, y conociendo los costes, se podrá elaborar el plan de acción adecuado.

¡Guíate siempre por los datos!

Saludos.
Dr. Ron